01 mayo, 2014

6 cosas sobre la maternidad que (incomprensiblemente) nadie te ha contado antes.


"Lo que nadie te cuenta
 cuando estás embarazada,
es que después del parto
eres madre."

(Rocío Lusa, gran persona, instablogger y mejor madre).


Esta mañana me he levantado con el pie izquierdo y me he puesto a analizar mi existencia presente. Devanándome los sesos hasta límites insospechados, he llegado a cuestionarme por qué llevo casi un mes sin actualizar mi blog. Al hacerlo, me he descubierto a mi misma evitándolo por considerar que no era el momento "perfecto" y que, por ende, no tenía nada interesante, es decir, "perfecto" que contaros. ¡Dios mío! ¿Os habéis fijado en el montón de bloggers e instablogger que están embarazadas ahora mismo o han sido madres súper recientemente? Pues, si no lo sabíais, os lo cuento yo. Están por todas partes. Leo sus blogs y veo sus fotos en Instagram y me pongo mala, de verdad (desde el respeto, entiéndanme). Pero, es que es indignante. Ahí las tienes, subiendo fotos de sus desayunos, comidas y cenas bajas en calorías en la procura del embarazo perfecto y la espectacular recuperación una semana después (que si puede ser media, mejor, oiga) y la consiguiente foto detonante de todas las envidias y el consabido subidón de autoestima de la "blogger" en cuestión. No puedo. Un día me prometí a mí misma abrir un espacio libre de retoques y cortes, lejos de una vida perfecta que nadie tiene. ¿Qué puedo decir? Entono el mea culpa. He pecado. He dejado pasar casi un mes esperando que mi vida fuera tan perfecta como la que otros muestran y he sido idiota. La vida no es perfecta, ni antes, ni mucho menos después de tener un bebé. Por eso he venido hoy a pediros perdón por mi imbecilidad recientemente adquirida y puedo decir ya que abandonada a su suerte. No la quiero. Y para demostrarlo y redimirme, os traigo la dismitificación de algunos de los tópicos más frecuentes de la maternidad. 

1. Ser "una madraza" no viene de serie.
Y esto es así. De verdad, no dejéis que os hagan creer lo contrario. 
Si durante los últimos nueves meses has tenido infinitos miedos y dudas, ¿qué creéis? ¿que el día del parto desaparecen todas un plumazo? ¿que se quedan en el suelo del paritorio junto con vuestra placenta? Pues, no. Seguiréis igual de asustadas, de inseguras, de perdidas. Y esto es algo que no cambiará hasta que echéis a andar con vuestro bebé. A andar porque no queda otro remedio, no porque sepas el lugar exacto en el que debes colocar tu pie en el siguiente paso. Y a base de caminar y tropezar, te conviertes en madre. Que no en "madraza", en madre que, creedme, ya es algo.
El hecho de dar a luz no te dota de un súper poder para saber por qué llora tu bebé, por qué no duerme, si tiene frío, si tiene gases... Pero, aprendes. Y un buen punto de partida para hacerlo es admitir que no tienes ni idea de nada (sobre todo con el primero). Y es que el "buenmadrismo" no cae del cielo como un milagro divino. Por lo cual, no es bueno que os lo auto exijáis y, muchísimo menos, dejar que esa exigencia venga de fuera. Sea quien sea.

2. No tienes que ser una súper mujer.
Básicamente, porque no existe. Y no existe, porque es imposible encargarse de la casa, del trabajo, de tu pareja, de ti misma, de tu bebé, de tu perro, de la operación bikini y no morir en el intento o acabar loca de psiquiátrico. Sé que lo ideal sería lucir tan bella como esas súper mujeres recién paridas que salen en las revistas en sus casas impolutas, con su pelo perfecto y su vestido Versace de la 34. Pero, no atienden a la realidad. La verdad es que cada día harás lo que tu bebé y tu propio cuerpo y su cansancio acumulado te permitan. Y esto no es malo. Cada día es un balance de prioridades en el que el primer puesto lo ocupará siempre tu bebé. Y a partir de ahí, lo demás se convierte en complementario. Si un día no has podido pasar la aspiradora, no pasa nada. ¡Fiesta de pelusas! Que se diviertan por un día. Al siguiente (o al otro), ya limpiarás.
La hora y media que te pasabas en el baño cada mañana, olvídala. Sé que es traumático. Todas necesitamos mantener unos niveles mínimos de autoestima y feminidad. Pero, no es para tanto. Os lo aseguro. Una vez que lo has aceptado, hallarás en la comodidad a tu mejor aliado y el pijama, las pantuflas y el moño ya no te parecerán tan terribles. Sobre todo durante los primeros meses, poco saldrás de casa, así que no vale la pena agobiarse. Arréglate los días que te apetezca y encuentres un ratito para hacerlo y aquéllos en los que salgas a dar una vuelta (eso sí que es imprescindible). Si sales a dar una vuelta, es que tienes un ratito libre. Pídele a papi que atienda al bebé media horita antes de salir y hazlo orgullosa de ti, de la mamá guapa en la que te has convertido. Pero, el resto de los días, relájate: comodidad y pa'lante, que ya habrá tiempo para volver a ser la que eras.

3. No os convertiréis en la  familia perfecta nada más dar a luz.
Y con esto me refiero más concretamente a la relación con vuestra pareja. En lo que atañe a la relación papi-bebé, mami-bebé, poco o nada hay que decir al respecto, sale de forma natural. Y lo que haya que decir, lo diré dos apartados más abajo. Pero, ¿qué sucede con vosotros? Una buena amiga de la familia nos dijo, poco tiempo después de nacer bebé Fabio, que una relación tiene que ser muy fuerte para que la llegada de un hijo una y no separe. En el momento no lo entendí, pero el paso del tiempo le dio la razón. La ausencia de sexo durante la mayor parte del embarazo, si no todo, la cuarentena, la ausencia de líbido, el poco y malo sueño, los cuidados del bebé... Son muchísimas cosas que cargar a las espalda de la relación y hay que estar preparados. Esa imagen mental que todas nos hacemos durante el embarazo de nosotras con nuestra pareja y nuestros hijos, posando cual familia feliz junto a la chimenea en Navidad, no se produce inmediatamente. No por lo lejos o cerca que te pillen las fiestas Navideñas en relación con la fecha de tu parto, sino porque, como todo de lo que hemos venido hablando hasta ahora, necesita tiempo, paciencia, dedicación, comprensión y amor, mucho amor. No es fácil convertirse en padre, porque nunca es como lo imaginabas. Es duro, ¿por qué no decirlo? Y nosotras aún tenemos una excusa, "son las hormonas", que nos ayuda a relajarnos y tomarnos las cosas con calma. Pero, ¿y ellos? ¿qué pasa con los papis? Nadie se para a pensar en ellos, pero imagino que no será nada fácil para ellos encontrarse a su mujer cada dos por tres llorando por las esquinas sin motivo aparente o, peor aún, justificándolo con las dichosas hormonas. Durante el embarazo nosotras experimentamos un montón de fases, tanto físicas como psicológicas, que nos preparan para lo que vendrá después. Al fin y al cabo, el motivo de tanto revuelo crece en nuestro interior durante nueve meses. Pero, para los papás la paternidad llega como una tormenta de verano: de repente y sin avisar. No es de extrañar que ellos también necesiten un tiempo de adaptación a la nueva situación. Es más, creo que la necesitan incluso más que nosotras.
Entonces, tendremos un papi y una mami perdidos, cansados, abrumados,  sucios, en chándal y sin sexo. ¡Menudo cuadro! Aquí es donde entra la comprensión y el amor mutuos y, con tiempo, todo será igual, ¿qué digo igual? Mucho mejor que antes. Un hijo es lo más bonito que tu pareja puede darte. Y esto no es un tópico, es verdad.

4. No se olvida todo en cuanto ponen a tu bebé sobre ti al dar a luz.
Lo habréis escuchado una y otra vez en todos y cada uno de los relatos de partos de otras mujeres que os hayan contado el suyo. "Duele mucho, pero te olvidas de todo cuando te lo ponen encima". Y de tanto escucharlo, lo creí. Y rezaba una y otra vez mientras empujaba en la sala de partos, para que me pusieran a mi bebé encima y se me pasara todo cual analgésico divino. Pero, no. No lo olvidé y no se me pasó nada. Agarré a mi hijo con fuerza y no dejaba de alternar mi mirada entre mi pareja y mi hijo. Una y otra vez, como si aún no pudiera creer o entender lo que por fin estaba pasando. Sentí su cuerpecito resbaladizo pataleando sobre mi dolorido vientre, escuché durante minutos su llanto, intenté ponerle al pecho y no lo agarró... Fueron momentos de verdadera angustia. Si bien es cierto que mi bebé nació con insuficiencia respiratoria y una infección de naturaleza que a día de hoy desconozco y tuvieron que quitármelo pocos minutos después de nacer. Probablemente por todo esto nuestro primer encuentro no fue tan agradable como lo había imaginado. Pero, independientemente de lo agradable o no de ese momento, durante el transcurso del mismo, jamás dejé de sentirme agotada, abrumada, exhausta y dolorida. Algo tan duro como un parto no se olvida en un segundo, ni en un minuto, ni en días. Yo me pasé dos semanas acordándome del dolor del parto cada vez que me sentaba o iba al baño. ¡Y anda que no hacía tiempo que me habían puesto a mi bebé encima! Es más, lo tuve encima unas cuantas veces más antes de llegar a olvidarme realmente del dolor y el esfuerzo realizados.
Así que no os sintáis culpables por no disfrutar de un primer contacto con vuestro hijo que se ajuste a la "versión oficial", porque, ya sabéis: "De lo que veáis, la mitad. Y de lo que oigáis, nada". Es un súper mito, de verdad. Para algunas, será el mejor momento de sus vidas y otras, lo recordarán por las ganas imperiosas de que le quitaran a ese pequeño ser de encima y se lo devolvieran en un momento quizás más apropiado. ¿Quién sabe cuál te va a tocar a ti? Pero, sea cual sea, has de saber que el uno es igual de natural y lícito que el otro. Aunque uno esté más extendido que el otro en el boca a boca popular, tan dotado de cinismo y prejuicios que parece que una madre no puede seguir siendo humana tras el parto.

5. El consabido instinto maternal, así como el amor por tu hijo, se hace, no nace cuando lo hace él.
El posparto es psicológicamente muy complicado. En mi caso, muchísimo más que físicamente. Y creo que gran parte de la culpabilidad reside en prejuicios de esta calaña. Nos venden, sobre todo las madres ya experimentadas, que los hijos son lo mejor que te pasa en la vida, que se convierten en tu motivo para luchar en la vida y bla, bla, bla... Pero, ¡es que volvemos a lo mismo de siempre! ¿Por qué no podemos hablar con maldita claridad? Definitiva y rotundamente, no das a luz y al día siguiente te levantas muerta de amor y espíritu de sacrificio por tu hijo. Muy probablemente, durante los primeros días te harás esta pregunta: ¿en qué  narices estaba pensando yo cuando decidí tener un hijo? ¿es que no podía esperarme un poquito? Y esto, señoras y, sobre todo, señoras, ¡NO ES MALO! A ver si nos enteramos de una maldita vez. Es natural, ¡jolines! (que no se pueden decir tacos, que estamos en horario infantil). Natural y lícito, no me canso de decirlo. Tenemos derecho a necesitar tiempo para forjar un verdadero e incondicional amor por nuestros hijos, tenemos derecho a llegar a plantearnos si nos arrepentimos de haberlos tenido, tenemos derecho a echar de menos todo a lo que hemos tenido que renunciar, tenemos derecho a llorar y a tener tanto sueño que mandemos a papi a tranquilizar al niño que llora. Tenemos derecho a un montón de cosas más de las que nadie habla, porque las mujeres vivimos con miedo a ser juzgadas como malas madres, porque se supone que tenemos que amar incondicionalmente a nuestros hijos en cuanto nacen y no podemos hablar de lo mal que lo hemos pasado. Y se supone que tenemos que ser madres coraje desde el minuto cero, y tenemos que ser las más sacrificadas, las más entregadas, las que saben sacar todas las manchas y huelen a distancia si su hijo tiene fiebre o no. Se supone, se supone, se supone, pero todo son absolutas estupideces (con perdón de la expresión). Todas estas presunciones consiguen hacernos sentir una auténtica porquería y minar nuestra autoestima como madres durante los primeros días de nuestra maternidad, porque nada de esto viene de serie y.
Serás la persona más feliz del mundo por tener a tu hijo algún día, pero no será el día del parto, ni el siguiente, ni el siguiente, ni el siguiente... ¡Date tiempo!

6. ¡Ah! Por último, que no por ello menos importante, las mascotas.
Sé que, probablemente, las que estéis embarazadas ahora mismo os neguéis darme la razón. Y no voy a reprenderos por ello, porque habréis hecho lo mismo que hice yo en su momento: autoconveros a vosotras mismas de que no ocurriría bajo ningún concepto. Pero, es así. Siento desvelar que por mucho que os hayáis propuesto que no, las que tengáis mascota vais a dedicarle muchísimo menos tiempo y el trato con ella cambiará cuando vuestro bebé haya llegado. Lo digo porque a mí me ha sucedido. Mis dos perros han pasado de poder subirse al sofá siempre que quisieran al "¡Baja del sofá, Yara, que estás sucia!", porque muchas veces acuesto a Fabio en él. Y, claro, no puede ser que esté lleno de porquería (por poner un ejemplo). En fin, cositas así. Cositas sobre todo de madre primeriza que, si pudiera, metería la casa entera en el esterilizador varias veces al día para que al niño ni le roce ni un microbio. 
Espero que sea pasajero, por ellos y por mí, porque echo de menos el tiempo con ellos y la naturalidad de la que gozaba nuestra relación antes del "Fabiomundo". 


Podría contaros algunas cosillas más, pero no pretendo desanimaros. Formar una familia es realmente maravilloso, no me malinterpretéis.  Pero que no os engañen, también tiene cosas malas. Como todo en la vida. Ni más, ni menos. Lo que nunca entenderé es el silencio imperante sobre estas cosas, si todas hemos pasado por lo puñetero mismo. En fin, tranquilas, que mientras queden madres realistas, sin pelos en la lengua y muy poco fans de la extra ñoñería que todo se empeña en teñirlo de rosa, hay salvación para las madres futuras y consuelo para las madres presentes que no pudieron encontrarlo cuando lo necesitaban. Dicen que nunca es tarde y aquí estoy yo, siempre con vosotras, mamás.

10 comentarios:

  1. Jijijiji que identificada me siento contigo!,,,yo veo a esas modelos que sus bebés tienen dos meses y han vuelto a su trabajo frenético de idas y venidas con un súper cuerpo igual o mejor que el embarazo y me quedo muerta,claro,dicen ellas, siempre cuidándonos ,haciendo deporte y sacrificandonos,que menos!!!sigo estando muerta,jiji!yo tengo que decirte que después de 12 años ,creo decirte que se olvida el dolor y no por ello se borra de tu mente ese momento.Pero a pesar de eso y todo voy a repetir¡,,sí señora,con un hijo que no me dio ni puna mala noche,que nunca enfermo de nada grave,que nunca falto a la guardería y que tampoco ha tenido una falta en el colé,que es independiente y muy buen niño,me la voy a volver a jugar!!porque echaba de menos sentir algo crecer dentro de mi(aunque este embarazó lo estoy llevando fatal)y volver a tener un bebé ,mi último bebe en mi vida.
    Ventajas de haber sido una mama muy joven con el primero,así que tranquila tienes todo el tiempo del mundo para que el dolor se borre y puedas volver a desearlo!,muy buen artículo y una aplastante realidad.disfruta de tu nueva vida

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    1. ¡Muchas gracias por compartir tu experiencia, Cristina! No sé si habrás tenido al bebé ya, pero espero que sea igual que bueno que el primero ;) Yo por el momento ni me planteo tener un segundo, estamos disfrutando al máximo de Fabio. Pero, si nos gustaría darle un hermanito o hermanita algún día. Yo soy partidaria de tenerlos lo más juntos posibles. Creo que es lo ideal, tanto para ellos como para los padres. Pero, la vida es la vida y nunca se sabe cómo van a venir las cosas. ¡Así que Dios dirá!

      Mucha suerte con tu nuevo bebé y muchas gracias por acompañarme en mi viaje por la maternidad. Un beso muy grande, linda.

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  2. Me encanta este post! toooodasmis amigas que acaban de dar a luz, dicen lo mismo! lo mejor es hablarlo abiertamente porque solo asi descubrimos que todas pasamos por lo mismo y que no hay que sentirse mal para nada!! :D mucho ánimo porque eres una madraza seguro!!

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  3. Princesa, ésto es un manual!!! Bienvenida al mundo real de las mamis primerizas!!! Desde hoy, tu fan número uno!!!

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  4. Siempre he amado la imperfeccion porque es la realidad! Ser madre gana con los años. Hoy miro a mi hija de 7 años y soy feliz y respiro su respiración como si fuera el ultimo aliento. Confieso que nunca tuve instinto maternal y no me gustó el embarazo pero hoy hay alguien que quiero que sea libre e independiente y ella dice que quiere ser ella misma. Hoy me siento tranquila y feliz. Se tu misma y crece con tu hija, el tiempo te dará respuestas. Bicos

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  5. Que lindo post..¡¡ no soy madre pero creo esa realidad mas que otras¡¡¡ por cierto no se puede poner la letra mas grande a mi me costo un montonazo leerlo..jejeeee

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  6. Buenos días!! Soy nueva en esto y este es mi primer comentario pero es que no me he podido contener, no soy madre pero tengo seguro que algún día lo seré es algo que por así decirlo me pide el cuerpo, después de leer este post me ha entrado una pequeña envidia pero sana, se te nota muy feliz.
    Me ha encantado y seguiré leyendo cada uno de tus post, si tienes un ratito pásate por mi Blog a ver que te parece lascositasdecece.blogspot.com.es
    Besos!!

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  7. Gracias por el punto 5 de este post... En serio, michisimas gracias!

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    1. ¡De nada! Jajaja Gracias a vosotras también por vuestros testimonios, porque también consiguen que yo me sienta mejor acerca de estos 6 puntos ;)

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