01 abril, 2014

18 febrero 2014



"Y cada vez que me pregunten
 cuál es mi consejo para el parto, diré: 
escoger muy bien al padre."

- Yo misma (o la persona en la que me convertí tras dar a luz).



(Nota: Todavía no sé cómo voy a acabar esta entrada sin romper a llorar de emoción. Y es que aún se me ponen los pelos de punta al pensar en aquel día. Ruego me disculpéis si me pongo un tanto "ñoña". No puedo ser imparcial. 

Allá voy.)



9 a.m. de un lunes que podría ser uno cualquiera, pero que acabó siendo el día en el que comenzaron mis contracciones de pre-parto. Sí, pre-parto. Muchos de vosotros quizás estéis familiarizados con este término y otros, tal vez, no hayáis oído hablar nunca de él. Pues, bien, hay vida mucho antes del parto, aunque la mayor parte de este proceso pase inadvertido para la mayoría de las mujeres. Se considera pre-parto todo el trabajo que nuestro cuerpo y, en especial, nuestro útero realiza hasta alcanzar los 3 cm de dilatación, momento en el cual podemos recibir la anestesia epidural, si así lo deseamos. En términos de andar por casa, el pre-parto es ese fatídico momento, de duración e intensidad indefinidos, en el que tienes que echarle ovarios (nunca mejor dicho) y aguantar como una jabata el dolor de las contracciones que están acortando el útero, primero, y dilatándolo hasta los 3 cm, después. En mi caso, tuve un pre-parto de 18 horas con contracciones cada cinco minutos. Sí, 18 horas. ¿Que cómo se soporta eso? Pues, en mi caso, con amor, con mucho amor.
Después de haber ido al hospital a monitorización y confirmar que tenía buenas contracciones, aunque aún no estaba de parto, me fui a casa. Lo único que pueden ofrecerte en el hospital para la fase de pre-parto es la ducha y una pelota de goma para hacer los ejercicios que te enseñan en las clases de preparación al parto. Es decir, lo mismo que puedes hacer en tu casa. Con la diferencia de que si te quedas ingresada, el hospital puede llegar a "comerte". Bajo mi punto de vista, quedarse en el hospital antes de tiempo es un error, porque te estás anticipando al momento del parto, en el cual inevitablemente te quedarás ingresada, si es parto natural entre dos y tres días y si es cesárea, entre 5 días y una semana. ¿Por qué alargarlo haciendo de comience antes? Mi firme recomendación es irse a casa, caminar... Puedes ir del salón a tu habitación, acostarte un rato en la cama, levantarte e ir a la habitación del niño, ultimar detalles allí, comprobar que lo tienes todo en la bolsa del hospital. Puedes recibir visitas de tus padres, hermanos, suegros... Y distraerte hablando con ellos. Estás en tu casa, en tu ambiente, donde te sientes segura y tranquila, sin personas con batas, ni cacharros con cables, ni otras mujeres en tu misma situación gritando de dolor por las esquinas, porque ya se sabe que esto del umbral del dolor es totalmente objetivo. Puede pasar que te toque en la habitación con una mujer que, aún estando mucho menos avanzada que tú, con contracciones mucho más espaciadas y menos intensas, se ponga a gritar con cada una de ellas como si la estuvieran acuchillando. Y eso, obviamente, no puede ayudar a relajarse a nadie.
Así que, hacedme caso e id a casa, procurad relajaros lo máximo posible mientras las contracciones sean soportables. Caminad, Y MUCHO.  Procurad respirar como os hayan enseñado en las clases de preparación al parto... En definitiva, sois mujeres, y las mujeres somos muy fuertes. Así que mantened el control de la situación y de vosotras mismas. Yo siempre me tomé el parto como una prueba de fuego en la que demostrarme a mí misma lo fuerte que puedo llegar a ser por amor. Por amor a mi bebé, a mi pareja, para que no me viera perder los nervios y sufrir más de lo realmente necesario y por amor a mí misma, porque sabía que yo podía hacerlo y quería demostrármelo.
Y aquí estoy. Un mes y medio después y para nada traumatizada con el parto. Sino, todo lo contrario. Cada vez que pienso en los dos días de mi pre-parto y parto, me inunda una gran sensación de felicidad y asoman lágrimas de emoción. Tal vez suene a tópico, pero la percepción de la mayor parte de las situaciones de la vida, si no todas, depende del enfoque que nosotros les demos. Como suele decirse, del cristal con el que mires. Y yo no estaba dispuesta a tomarme aquello como una tortura, sino que me había propuesto disfrutarlo.
Cuando, en casa, mis contracciones dejaron de ser tan soportables como al principio, mi chico me sorprendió preparándome una bañera de agua caliente, con música chill out, luz tenue y estuvo a mi lado en todo momento, echándome agua por la tripa y por la espalda con la alcachofa de la bañera cada vez que venía una contracción. Yo me iba moviendo buscando la posición que en cada momento me relajaba: a cuatro patas, acostada, de lado, sentada... ESCUCHAD A VUESTRO CUERPO. De verdad que os va a hablar y a deciros todo lo que necesitáis saber. Pensad que está hecho para eso. Yo no dejaba de pensar que, al fin y al cabo, somos animales. Sé que es una comparación que puede resultar absurda, pero he asistido a los tres partos de mi perrita Yara, uno de ellos mientras yo estaba embarazada. Ella no había asistido a clases de preparación al parto, no había entrado millones de veces en internet para buscar información sobe el embarazo y el parto, ninguna otra perrita experta le había hablado sobre la experiencia de sus partos y, sin embargo, cuando llega el momento de dar a luz, siempre, incluso la primera vez, supo cómo hacerlo. Y ya no sólo en el parto, sino criando a sus cachorritos después. Sin libros, sin clases, sin consejos. ¿Y por qué? Porque estamos hechas para ser madres, todas las hembras de cualquier raza animal. Y, sí, señoritas y señoras, somos animales, aunque vivamos olvidando esta circunstancia. Por eso, vosotras, al igual que yo, que Yara y que cualquier otra hembra, vais a saber hacerlo y tanto mejor cuanto más mantengáis la calma y escuchéis vuestro instinto animal, que está ahí dentro. Forma parte de todas nosotras.
Llegué a los 3 cm de dilatación sobre las 3 de la madrugada, llorando, agotada y desesperada, no voy a mentir. Pero es lo que hay que hacer. Hay que esperar en casa y controlando la situación hasta el último momento, hasta el "- No puedo más". Porque entonces, probablemente, os pasará lo que a mí: estaréis tranquilas en vuestra casa, buscando las mejores formas de paliar el dolor de las contracciones y cuando vayáis al hospital, os darán la feliz noticia de que habéis llegado a la dilatación de 3 cm y podrán poneros la epidural. Personalmente, fue ponérmela (no duele absolutamente nada) y mi chico y yo dormimos unas cuatro horas del tirón. ¡Menudo pedazo de alivio! Para ambos, eh. Que ellos, aunque no puedan sentir nuestro dolor en sus carnes, lo pasan realmente mal. Nos quieren y les duele vernos sufrir. Por eso digo que les debemos al menos eso, controlar nuestros nervios, no rendirnos al impulso de ponernos a llorar o a gritar desesperadas a la primera contracción. Apoyaos el uno al otro, porque cada uno tiene su papel, y cada uno de vosotros sufrirá de un modo distinto. Del mismo modo que seréis súper felices juntos después, cuando todo haya pasado y tengáis con vosotros a vuestro bebé y miréis atrás para recordar un día tan especial, que os unirá tanto y para toda la vida.
A todo esto, sé que existen tantas situaciones personales como personas en el mundo y que no todas las mujeres que dan a luz tienen pareja o ésta puede estar con ellas el día del parto, por "x" o por "b". Pero, evidentemente, yo no puedo abarcarlas todas, sino que puedo hablar de mi situación y las que tengáis la misma o parecida, posiblemente os sentiréis más identificadas y os será más útil esto que os cuento que a otras mujeres con situaciones diferentes. Y por ello quisiera disculparme.
En cuanto al parto, una vez que llegas al hospital y te ponen la epidural, es todo más fácil. Estás controlada en las manos de profesionales y toca esperar. Yo tardé mucho en dilatar y dar a luz, pero cada mujer es un mundo y cada parto es diferente. Hay quien llega al hospital con alguna molestia pequeña, y van y le dicen que tiene que entrar a paritorio ya, que está casi dilatada del todo. ¡Y la mujer ni se dio cuenta! Una maravilla, ¿verdad? Hay quien no llega al hospital, porque para cuando sienten algún dolor, ya están con ganas de empujar y eso es irreprimible. Pero, también os digo que esos casos son totalmente excepcionales. Lo normal es que un parto dure una media de 18 horas.
Siempre fui muy optimista durante el embarazo y pensaba que empezaría con contracciones y que en, como mucho, 8 horas daría a luz. Entonces, no me planteaba ponerme la epidural. Quería un parto no medicalizado, haciendo los ejercicios de relación de las clases de preparación al parto, haciendo baños y duchas de agua caliente... Pero, cuando te pones de parto la realidad te abofetea sin piedad. Evidentemente, yo no podía siquiera plantearme no ponerme la epidural, porque para cuando llegué al hospital y me ingresaron, ya llevaba 18 horas de pre-parto e ingresé con sólo 3 cm de dilatación ¡Y aún tenía que dilatar hasta los 10 cm! Desde que empezaron mis contracciones hasta que di a luz, pasaron 35 horas. Creo que en mi caso, la epidural era totalmente necesaria. Por eso, creo que no debéis llegar al día del parto con ninguna idea preconcebida acerca de absolutamente nada. Ni sobre si os pondréis epidural o no, ni sobre si va a ser parto natural o cesárea. Porque el propio desarrollo natural de los acontecimientos va a motivar cada decisión que vayáis tomando.
Y finalmente, antes o después, llega el gran momento. Ese en el que te dicen que puedes empujar, que tienes que ser fuerte porque no te van a suministrar más dosis de anestesia epidural, ya que necesitas notar las contracciones para empujar con cada una de ellas. En mi caso, la sala de dilatación se llenó de pronto: la matrona, la aprendiz de matrona, la enfermera, el ginecólogo... Me dejaron ponerme en la posición que yo quisiera. Empecé empujando acostada, luego a cuatro patas y de nuevo acostada. Como os he dicho antes, el cuerpo te pide lo que necesita en cada momento. Pero, sobre todo, lo que te pide es empujar, sacar fuerzas de cada rincón de tu cuerpo. Mientas me estaban poniendo la epidural, muchas horas atrás, había escuchado una conversación entre la enfermera y el anestesista acerca de un parto que acaba de producirse y comentaban que la mujer había sufrido mucho y que el expulsivo podría haber sido mucho más rápido, pero que había perdido los nervios y se había autoconvencido de que no era capaz y en vez de dar a luz en una hora, lo hizo en dos. Escuchar esto me sirvió de mucho para decidir que en cuanto me dijeran que podía empujar, lo haría con todas mis fuerzas y convencida de que sí que podía hacerlo. Y así fue, todas las voces a mi alrededor enmudecieron cuando pude empujar y sólo escuchaba al ángel que me sostenía la mano y que me decía que venía una contracción, que ya estaba en su punto más alto y que empujara. Y ese ángel fue mi chico, mi ángel, mi salvación ese día y siempre. Sólo cuando él te confirma que es cierto que ya se ve la cabecita del bebé cada vez que empujas, te lo crees. Ya se sabe que a veces los médicos dicen cosas para animarte o, simplemente, para no desanimarte y que sigas adelante. Pero, en pocas personas confío tanto como en mi pareja.
En el momento de la verdad, los últimos pujos, me dijeron que me iban a pasar al paritorio y me asusté mucho. Pensé que iban a hacerme una cesárea y pregunté al ginecólogo: "¿Qué significa eso? "A lo que él respondió: "Que vas a dar a luz". Entonces todo empezó a ir como a cámara rápida. Nos armamos de valor, agarré la mano de mi chico y empecé a empujar tres veces por cada contracción. Pensaba en aquella conversación en la sala de anestesia, en que si podía acabar con aquello en una hora, no lo haría en dos. Y así fue. Si en la sala de dilatación el volumen del resto de voces disminuyó, en el paritorio enmudecieron del todo y sólo escuchaba a mi ángel diciéndome que soy una campeona, que nuestro bebé ya casi estaba aquí, que empujara fuerte y algún que otro "Haz caca, cariño, haz caca". Suena gracioso, lo sé, pero es lo que hay que hacer. La forma de empujar es muy parecida. Y nada de apretar para no hacerte caca encima. Hay que relajarse y si te lo haces encima, te lo haces. Son médicos, estás con tu pareja, nadie va a juzgarte. Y mucho menos siendo la campeona que estás siendo en esos momentos.
Nunca había sentido tanto alivio en toda la vida como con el último pujo, ni había sido tan fuerte jamás. Todo lo que ocurre después parece hacerlo mientras tú no estás allí, como si de repente estuvieras viéndolo desde otro lugar. Un lugar en el que sólo existe el bebé que descansa sobre tu pecho llorando y el orgulloso y valiente papá. Y huele a vida. Y vuelves a nacer. Y todo lo que vendrá forma parte de tu nueva tú, de tu nueva familia, de tu marido que ahora es también papá y de tu hijo, que se materializa ante tus ojos como un milagro.
Es un momento precioso, pero también abrumador. Estás agotada, sudada, sobrepasada quizás por la situación. Hay un montón de gente a tu alrededor y te sientes vulnerable. Todos se mueven, hablan, experimentan sus propios sentimientos y tú estás ahí, acostada, tratando de recomponer la situación, de hacerte a la idea de lo que está ocurriendo. La espera ha terminado, eres madre, ya no tienes tripa, te duele todo, tienes frío... Millones de sensaciones en apenas unos minutos. Realmente, necesitas un "stop". Pero, lo cierto es que la mayor parte de las veces no lo tienes, o no lo suficiente. Después de dar a luz, pasas unas horas en observación antes de subir a planta. Pero, como digo, nunca es un rato lo suficientemente largo. Admito que cuando subí a planta, no estaba preparada para volver a la realidad. Pero, las cosas son así. Enseguida llegan los reencuentros con la familia, las caras desencajadas por la preocupación de tus padres, las lágrimas contenidas de los que te quieren y que han sufrido por ti, la tremenda alegría y emoción, los ramos de flores, las tarjetas... Toda una nueva etapa, pero que bien merece otra entrada.
Y como una imagen vale más que mil palabras (y en palabras sé que hoy me he excedido), aquí os dejo:

 Mi última foto embarazada.



Las muestras de cariño para nuestro bebé.








Y para la mamá, ¡que también existimos después de dar a luz! Y se agradece mucho que se acuerden de nosotras.












7 comentarios:

  1. Hola amor!! me ha encantado este post tan maravilloso. Yo no he dado nunca a luz pero estoy segura que este texto ayudará a muchas mamás primerizas porque cuando vas allí nadie te cuenta como va a ser o lo que puede pasar. Me encanta el consejo sobre la epidural, como en todo en esta vida no se puede caminar con ideas preconcebidas y hay que saber que cada momento y cada situación es diferente para cada persona. Estoy segura que cuando Fabio tenga capacidad para entender este texto estará muy orgulloso de sus padres. Me alegro que tengas a tu ángel ya en casa y que todo haya salido a la perfección. Un besazo amor

    http://mapetitebyana.blogspot.com.es/

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  2. que maravilla....gracias por compartir tu experiencia! Además de emocionarme he aprendido, me quedo con esta frase: " Yo siempre me tomé el parto como una prueba de fuego en la que demostrarme a mí misma lo fuerte que puedo llegar a ser por amor. Por amor a mi bebé, a mi pareja, para que no me viera perder los nervios y sufrir más de lo realmente necesario y por amor a mí misma, porque sabía que yo podía hacerlo y quería demostrármelo."
    Tuvieron que darte muchos puntos? es el mayor miedo que tengo, más que al dolor del parto...
    Podrías hacer un room tour de la habitación del bebé! se ve que tienes buen gusto
    un besito y enhorabuena por tus dos angelitos

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  3. Madremía Lorena!
    Pero que post más b o n i t o !
    Te deseo muchísima suerte y muchos ánimos ya que la vida te está cambiando muy rápido.
    Tiene que ser súper bonito vivir todo eso, ojalá yo lo pueda vivir algún día! :)____

    Muchos besitos para Fabio, para su papá y para su liiiiinda mamá! <3

    www.trendy-things.com

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  4. Precioso post, de verdad gracias. Te sigo en instagram tambien guapa. Fabio es precioso.

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  5. ¡Me has dejado sin palabras!
    La verdad que yo soy una persona que tengo mucho miedo a la hora del parto, quizá cuando me toque cambie de opinión, no has podido expresar mejor todo.
    A mi personalmente me has servido de gran ayuda, nunca me habían explicado tan tan bien ese momento tan especial.
    Nos alegramos mucho de que nos sigas por insta, es un placer tenerte en nuestra pequeña familia internauta jeje
    Un besazo muy muy grande para esos super papis y para bebe Fabio.
    Marina

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  6. Me has emocionado con tus palabras, y he recordado el día que nació mi niña, creo que eso nunca se olvida. Yo tenía tantas ganas de ser madre que el parto no me preocupó para nada. Mi gran diferencia contigo es que yo no tenía ese amor de pareja pero sí el de toda mi familia y amigos, y fue fantástico. Gracias por compartir este momento tan especial con nosotros. Eres un amor. Besos a los tres.

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  7. Me han gustado esas fotos de monitores y la ultima tuya de embarazada. Yo tenía mucho miedo al parto..y hasta el mismo momento no se me quito pero lo cierto es que tuve un parto muy bueno, ya que rompí aguas a las 3:30 de la mañana y a las 11:00 de la mañana nació mi hija. Cuando llegué al hospital, estuve una hora en monitores, pero como no tenía muchas contracciones, me mandaron para la habitación la planta del hospital, donde me duché, pero a la hora o así empecé con contracciones y a dilatar (ya cuando ingresé estaba de 2 cm) y luego hasta dilatar del todo creo que pasaron unas 3 horas. Fué con lo que peor lo pasé, con las contracciones de dilatación ya que dolían mucho y ademas no había dormido, con lo que estaba ya cansada. No me pusé epidural, porque cuando estaba pensando en que igual era mejor ponérmela, ya me vieron que había dilatado del todo y ya solo quedaba empujar. El que mi novio estuviera conmigo en el parto me ayudó mucho y la verdad es que las matronas me ayudaron mucho también. a mi me regalaron también un colgante y me sorprendió, ya que fué el único regalo que recibí y que fuera para mi..Bueno, y también una rosa de esas que llaman eternas. Besos

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