29 enero, 2014

LA RECTA FINAL.









. Abrigo/Coat: Sheinside. | · Blusa/Shirt: vintage (de la abuela/grandma's clothes). | 
· Leggins: Calzedonia pregnancy. | · Botas/boots: Hunter. | · Bolso/Handbag: Bimba&Lola. |
 · Anillos/Rings: H&M.


Hoy me he levantado con tantos sentimientos contradictorios como lunares en mi camisa. Cosas de las hormonas, supongo, porque en cuestión de hormonas las embarazadas somos un cocktail molotov.  A estas alturas del embarazo y apenas a una semana de salir de cuentas, lo lógico es pensar (yo antes también lo pensaba) que una mujer embarazada estará deseando que llegue "el gran día" o que cansada de estar embarazada y suplicando por acabar con esa tortura. Pues siento anunciaros que nada más lejos de la realidad. El embarazo es un mundo aparte dentro de un mundo a parte que es cada mujer y, por lo tanto, imprevisible. Por mi parte, he caído en las redes de un sentimiento que se me tornaba incomprensible y ridículo cuando leía acerca de él durante los primeros meses de embarazo en uno de los muchos libros sobre maternidad y embarazo que leemos las futuras mamás en un intento por sentirnos un poco menos perdidas ante lo desconocido. Descubrí, con no poca sorpresa, que algunas madres a punto de dar a luz desarrollan una profunda tristeza ante la idea del parto, que ellas conciben como una separación física insoportable de sus hijos después de nueve meses de la conexión más profunda, maravillosa y especial que nunca nadie puede establecer con otra persona. Menuda tontería, pensaba entonces. Pero, mis pensamientos volvieron meses después para darme un bofetón en en toda la cara esta mañana frente al espejo del baño, cuando al quedarme mirando mi tremenda tripita, comencé a echarla de menos, sabiendo que el día del parto está cada vez más cerca.
Ojalá pudiera guardar a mi bebé toda la vida dentro de mí, donde nadie pueda herirle o hacerle daño. Confieso que me duele pensar en el momento en que corten el cordón. A pesar de las ganas de verle la cara a mi hijo, de tenerle por fin dormido sobre mi pecho, acurrucado entre mis brazos y de escuchar su respiración, tengo miedo. Miedo porque el día que nos "corten" se habrá terminado la conexión física, psíquica y emocional más sólida y pura que jamás haya establecido. Y eso duele con sólo pensarlo. Sé que suena egoísta y probablemente lo sea, pero, concededme este momento de  melancolía anticipada, por favor, que esta es la recta final.

Pase lo que pase, y estemos donde estemos, tú siempre serás mi barriguita.

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